Hoy, 31 de marzo, se cumplen cuatro años del fallecimiento del trompetista de jazz Wallace Roney, víctima de su tiempo y de covid-19.

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Si hemos de atenernos a la acepción 4 de nuestro diccionario oficial, Roney era un virtuoso. El virtuoso, podría decirse, en perpetuo idilio con su instrumento. Su mayor mérito: era capaz de tocar como Miles Davis sin que los expertos lograsen distinguirlo del original. Eso cuentan. Su mayor desgracia: era muy capaz de reproducir, nota a nota, cualquier trabajo del grandísimo Miles Davis.

Wallace Roney no llegaría a ganarse nunca la etiqueta de genio. No torturaba su trompeta, como hacía Miles, no abría nuevos caminos al jazz. Solo era un virtuoso. Un tipo que consumió miles de horas en depurar su técnica hasta hacerse merecedor del elogio y el padrinazgo del mismísimo Miles. Solo eso. Y, por ello, hubo osados que se atrevieron a tacharlo de simple imitador.

Pocas cosas hay más difíciles que el dominio pleno del sonido. El violinista —o concertista de piano— extraordinario goza del reconocimiento general. Toca una partitura escrita por uno de nuestros clásicos y hasta se le califica de «genio» de su instrumento. En el jazz, tan zarandeado, el virtuoso puede ser objeto de críticas tan refinadas que eructan un «no destaca como compositor» o un «es demasiado perfecto». ¿Existe la demasía en la perfección?

El virtuoso nos hace disfrutar de la creación del genio. Nos la ofrece en toda su pureza. Merece nuestro reconocimiento y aplauso. En el caso de Wallace Roney, se da la circunstancia de que, además, supo regalarnos discos de belleza singular, amalgama de modos y estilos, en los que demostró que sabía encauzar el talento propio y ajeno.

Si consultamos la entrada escrita en español que Wikipedia dedica a Roney, observaremos que su discografía concluye en 2012. Nadie se ha animado a actualizarla. Son varios las obras que publicó después de ese año. La última se titula Blue Dawn-Blue Nights. Yo la escucho cada 31 de marzo desde el aciago 2020.

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Si pulsáis sobre la carátula del disco, accederéis a Bookendz —el primero de sus temas—, archivado en YouTube. Es toda una delicia. La delicia que nos dejó el instrumentista virtuoso, compositor ocasional.

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Wallace Roney, trompetista. Un nombre para el respeto y el recuerdo.

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