Nacho GO escribe en el blog de literatura Planeta Eris sobre Nadie muere en Zanzíbar. Una reseña de largo alcance, con medidas referencias, que fue publicada el 21 de noviembre.

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Nacho aborda el libro con la minuciosidad del mejor artesano, sacándole el jugo a cada página, a cada párrafo, haciendo una aventura de un proceso que supera con creces el acto, ya prodigioso en sí mismo, de leer.

Su reseña está cuajada de resonancias y citas de la propia obra, de interpretaciones del texto y comentarios que muestran su dominio de un personaje y un ambiente de los que, tan sólo unos días antes, lo ignoraba casi todo.

Pero en este caso ha ido aún más lejos, relacionando la novela y su protagonista con Diario de ausencias y acomodos, para entusiasmo de su autor. El párrafo es tan emocionante para mí que no me resisto a repetirlo:

Los relatos tienen ese sello especial que imprime la mano de García Calderón, ese sello reconocible, que se le puede aplicar un adjetivo que existe en nuestra lengua dotándolo de un nuevo significado, un sello calderoniano. El relato de La logia de los Calígrafos me obligó a hacerme una gran pregunta, cuestionándome lo que estaba leyendo: ¿estaba ante lo que antes interpretaba como un recurso literario, o en verdad Juan Ángel Santacruz de Colle había sido una persona de carne y hueso? Empecé a releer portada, contraportada y dedicatoria para intentar contestar y ahí fue cuando conocí la existencia de la novela Nadie muere en Zanzíbar, me dije: esta no se te escapa.

 

No queda ahí la cosa. Nacho, en un alarde de observación y análisis, da una de las claves de este libro, peculiar por su origen y por sus pretensiones. Algo que ni yo mismo había mencionado. Por timidez, quizá incluso por miedo a espantar a potenciales lectores de novelas de consumo, que buscan el desenlace antes que disfrutar del planteamiento y el nudo. Nadie muere en Zanzíbar fue concebida como un viaje en el que la propia senda supera en relevancia ese punto inexorable en que pronunciamos la palabra “fin”:

Así fue como llegué a esta obra nacida del sincero compromiso del autor con la figura inefable de Juan Ángel Santacruz de Colle, John Cross y sus demás personalidades. De ese compromiso surge esta gran novela, un auténtico viaje virtual y real, geográfico y vital. El viaje del autor y el del lector que lo acompaña, un auténtico safari donde lo que importa es el propio camino y no la meta, un libro donde uno se puede parar a disfrutar un párrafo, como en un viaje que se alarga la estancia en un lugar más tiempo de lo programado.

 

La habilidad y perseverancia de Nacho GO alcanzan hasta la búsqueda del último porqué de cada obra a la que se acerca en Planeta Eris. Aquí, nuevamente, vuelve a estar atinado:

Santacruz y el autor me dejan un claro mensaje, perseverar hasta que salga el sol por Antequera o por los dominios de la diosa Eng’ai; a pesar de la incertidumbre por el resultado de nuestras acciones, debemos mostrar determinación para llevarlas a cabo a pesar de todo.

 

Y, para colmo de bienes, concluye su apasionada reseña con una frase que compendia todo lo que yo podía esperar de su lectura. He luchado durante más de un decenio por reconstruir en una novela el periplo de este sorprendente Juan Ángel Santacruz de Colle. Mi mayor preocupación, como he reiterado en cuantas ocasiones he tenido, era que la verdad fue verosímil, un auténtico reflejo de su vida. No pretendía crear un héroe o superhéroe; sólo pretendía mostrarlo tal y como fue. Una cita del propio libro le vale a Nacho para poner el broche a su magnífica reseña:

Como dijo Joseph Conrad: “Creía que era una aventura y, en realidad, era… la vida”.

 

De esta entrada de su blog se desprende que, a Nacho, además, le ha gustado la novela. La guinda de tan dulce pastel. Nada podía hacerme más feliz. Ya había sido elogioso, hace un año, con Yo también fui Jack el Destripador. De su pluma llega ahora este maravilloso regalo. Viaje mi gratitud hacia alguien que verdaderamente desearía conocer y tener por amigo en este azaroso mundo de la literatura. Contar con sus consejos sería un tesoro.

Planeta Eris, mi astro para alejarme de la realidad más prosaica y aprender de otras obras y otros autores. Podéis visitarlo pinchando sobre el nombre. Merece la pena.