Tibor Nagy no es el deportista húngaro que ganó una medalla de oro en el campeonato del mundo de piragüismo de 1973. Tampoco es el Tibor P. Nagy que recoge la versión en inglés de Wikipedia. Es el pintor de La parada de autobús y de un puñado de obras que tienen el tráfico y la lluvia por protagonistas. Nadie mejor que él y nada mejor que su cuadro para representar Once de agosto, el más breve de los relatos incluidos en Diario de ausencias y acomodos.

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Su manera de hacer ha sido calificada de “impresionismo mediante formas abstractas”. No hay duda, se describa como se describa, de que Nagy gasta mucha pintura en cada una de sus creaciones.

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Contornos (117) Tibor Nagy 7Si se examina a corta distancia un pequeño fragmento de cualquiera de sus lienzos, parecerá que la mancha de color ha sido plantada caprichosamente. Si se toma conciencia de la obra en su plenitud, se percibe que nada obedece al azar o a la inclinación del artista por el derroche.

Tibor Nagy sabe lo que hace y lo hace con la fuerza de la convicción. Su técnica funciona como el mejor de los hiperrealismos porque rebasa nuestros ojos para excitar nuestros cerebros. Nunca antes la lluvia tuvo tanta expresividad ni tanto color.  Nunca antes alcanzó el protagonismo que le otorga este pintor eslovaco, nacido para hacerme contener la respiración ante el caótico tráfico que evoluciona sin prestar atención a los transeúntes. Ni a ese joven asomado a la ventana que una vez fui yo.