Juran que a principios de los ochenta del siglo pasado el desconocido grupo Neon contaba en sus filas con Byrne —Pete, nada que ver con David—, Rob Fisher, Roland Orzabal y Curt Smith. La separación acaba provocando, tras algunas vueltas y revueltas, el nacimiento de un par de dúos de muy diferente trayectoria: el exitoso Tears for Fears de Orzabal y Smith, y el breve pero intenso Naked Eyes.

Por aquel entonces, y sirva la referencia para contextualizar, en España dan sus primeros pasos Danza Invisible y La Mode.

Pete Byrne nos aclara el origen y propósito del tándem:

Iba yo un día caminando por el puente Pultney, en Bath, cuando vi a Rob siendo brutalmente abordado por una chica que estaba de muy mal humor. Intervine entonces en favor de Rob (aunque la robusta mujer fácilmente hubiera podido con nosotros dos), lo rescaté y nos fuimos a un lugar tranquilo en donde discutimos los pros y los contras de formar una banda juntos.

Dos horas después ya teníamos un plan brillante: escribiríamos canciones, conseguiríamos alguien que nos patrocinase, firmaríamos un contrato con una discográfica y, poco después, alguno de nuestros temas se convertiría en un hit.

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Naked Eyes no duraría. En su lápida figura el corto periodo 1982-1985. Pero cumplieron. Y, aunque fue retomado por Byrne años después del fallecimiento de Fisher, nada volvería a ser igual. Dos discos de larga duración dan testimonio de su existencia:

  • Burning Bridges, 1983.
  • Fuel for the Fire, 1984.

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Voices in my head, cabecera del vinilo de partida, será el título que les permita dar por satisfecho el objetivo primigenio, el one-hit wonder de la pareja que quiso quemar puentes y echar gasolina al fuego.

Buenos ritmos, un manejo inteligente de los sintetizadores y unas gargantas que armonizan con belleza y efectividad son las cualidades que me llevaron a tirarme un mes saltando de Everybody wants to rule the world a este Voices que se quedó en mi cabeza para siempre. No es un trabajo excepcional, pero merece la pena escuchar sus ajustados tres minutos y medio… siempre que se eluda la contemplación de las imágenes del vídeo. No hay más que ver las carreritas de Byrne y Fisher para comprender que mi aviso no es cosa de broma.

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