He escrito libros sobre personas —personajes— que merecían al menos uno. Como Susana de Susón, Diego de Torres Villarroel o Juan Ángel Santacruz de Colle. Mi fascinación por Hedy Lamarr es comparable a la sentida por los anteriores. Su vida, un fragmento de ella al menos, es digna de una buena novela.

Para los jóvenes que no hayan oído hablar de Hedy Lamarr, diré que fue considerada la actriz —la mujer— más guapa del mundo. Acertada protagonista de películas exitosas como Argelia (Algiers, 1938), Las follies de Ziegfeld (Ziegfeld girls, 1941), La vida es así (Tortilla Flat, 1942) y Sansón y Dalila (Sansom and Delilah), su primera actuación significativa fue en la mítica Éxtasis (Ecstasy, 1933). A ella cabe la gloria de ser la primera fémina que aparecía desnuda en una película con distribución comercial.

Hedy Lamarr. Ecstasy 1Hedy Lamarr. Ecstasy 2

 

 

 

 

 

 

Austriaca de nacimiento, llegaría a casarse con un magnate que fabricó armas para Hitler. Tras una rocambolesca huida, marchó a Inglaterra, dando el salto a Hollywood de la mano del poderoso Louis B. Mayer. Tuvo fama a raudales, seis o siete maridos, hijos… y una fe en sí misma tan oportuna como necesaria.

Esta mañana de soleado domingo, cambié la opción de pasear por ver un documental titulado Bombshell: The Hedy Lamarr Story. Escrito y dirigido por Alexandra Dean, se estrenó en el festival de Tribeca en abril del año pasado. Os dejo un enlace al tráiler en el afiche siguiente.

Hedy Lamarr. Bombshell

A lo largo de sus 86 minutos, la película repasa la vida y milagros de la actriz, incidiendo en uno de estos últimos: su capacidad para la invención.

En plena II Guerra Mundial, dispuesta a solucionar la mala puntería de los torpedos que empleaban los buques aliados contra los temibles submarinos alemanes, ideó —junto con el pianista y compositor George Antheil— un sistema seguro de comunicación entre el barco y el proyectil. Un sistema que generaba una modificación continua de la frecuencia de las ondas, evitando las interferencias del enemigo. El método, basado en el fundamento de la pianola, fue patentado en junio de 1941 con la autoría de Hedy Kiesler Market, Hedy Lamarr.

Hedy Lamarr. Noticia

Calificado como secreto, no recibiría la atención merecida. Suele suceder cuando el prejuicio se cruza en el camino. ¿Qué podía enseñar a la Marina estadounidense una actriz extranjera tan hermosa? En 1957, la empresa Silvania Electronics Systems Division utiliza el llamado salto de frecuencias en el uso de emisoras para comunicaciones entre aviones, barcos y boyas. En 1962, el ejército norteamericano adopta el sistema para las comunicaciones militares inalámbricas. Es el mismo concepto que, muchos años después, servirá para dar un uso con garantías al denominado WIFI.

Los ingenieros de la firma Silvania reco­nocieron sin paliativos la propiedad intelectual a Lamarr-Antheil. Hace cuatro años ambos fueron incluidos en el Salón de la Fama de Inventores. Google celebró el que sería el centésimo primer aniversario de Hedy con uno de sus populares “doodles”.

Murió el 19 de enero del año 2000. Jamás recibió un centavo por el uso de su patente. Había caducado en 1954.

Hedy Lamarr no fue aclamada por su feminismo. Tampoco, por su inteligencia. A ratos, sólo a ratos, por sus cualidades interpretativas. Siempre, aunque fuera en el recuerdo del celuloide, por su belleza. Suya es una frase que la define mejor que todas sus películas juntas.

Cualquier mujer puede ser glamurosa. Lo único que ha de hacer es permanecer quieta y poner cara de tonta.