Cuando se piensa en los grandes discos de 1975, acuden a la mente del aficionado títulos que no debería olvidar, puesto que forman parte de su historia y de su quehacer literario. Abusando del orden, simplifiquemos al máximo la referencia: Agharta (Miles Davis), Bahiana (Dizzy Gillespie), Blood on the Tracks (Bob Dylan), Born to run (Bruce Springsteen), Crisis? What crisis? (Supertramp), Godbluff (Van der Graaf Generator), Horses (Patty Smith), Shamal (Gong), Stampede (The Doobie Brothers), Voyage of the Acolyte (Steve Hackett), Wish you were here (Pink Floyd). Podría haber citado unos cuantos más, ¿no es cierto? La cosecha de aquel año fue excelente en muchos aspectos.

Mientras eso se escuchaba por el mundo, en España bregábamos por la desaparición definitiva de la censura (y de algún otro obstáculo indeseable) y prestábamos oídos a músicas que traían nuevos sonidos y nuevos colores. Seguro que no resultan tan familiares para los más jóvenes, pero fueron más importantes para mí que los comprimidos en el párrafo de arriba. Ahí va eso:

  • 14 de abril, de Goma.
  • A la vida, al dolor, de Gualberto.
  • Barcelona traction, de Barcelona Traction.
  • Diumenge, de Companyia Eléctrica Dharma.
  • D’oca a oca i tira que et toca, de Orquesta Mirasol.
  • El patio, de Triana.
  • Hablo de una tierra, de Granada.
  • Nuevo día, de Lole y Manuel.
  • Tutankhamon, de Iceberg.
  • Viatge a Ítaca, de Lluís Llach.

El 14 de abril, fecha señalada en el imaginario popular de los adolescentes andaluces de aquel tiempo, se publicaron los LP de iniciación de Triana y de Lole y Manuel. El patio y Nuevo día fueron mis discos de cabecera hasta que el estío de mi Sevilla natal fundió sin remedio el segundo. Son los inconvenientes de tomarse las cosas al pie de la letra y escuchar música entre jazmines y limoneros, bajo un sol y una sombra de justicia.

El 14 de abril, por lo tanto, está presente en las primeras obras de Goma, Triana y Lole y Manuel. No es casualidad. Como tampoco lo es que Manuel Molina sea arte y parte en las tres creaciones y en la génesis de lo que se daría en llamar rock andaluz. Tardé en percatarme, pero la clave se esconde en el tema Madre tierra, en cuya composición interviene. Unos acordes, acordes que luego sonarán en Todo es de color, lo desvelan. Manuel Rodríguez, guitarrista de Goma y de Imán Califato Independiente, lo confirmaría años después. Podéis comprobarlo. Basta escuchar los dos primeros minutos de esta delicia.

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